jueves, 28 de febrero de 2013

Encuentro con Yamada Sensei

Por: Yesid Sierra.  www.aikidomx.com


Antes de avanzar debo decir que soy uno de los muchos alumnos de Yamada Sensei que han visitado su dojo en New York como Uchi Deshi, por ciertos periodos de tiempo y de los que asiste regularmente a sus seminarios. Tengo un dojo reconocido por él y en algunas ocasiones tuve la suerte de disfrutar de las legendarias fiestas que ofrecía a sus Uchi Deshi. Si a esto le sumamos que la relación entre alumno y maestro es de ida y vuelta, y que cada quien se hace su propia idea del otro, debo admitir que este texto es más mi impresión personal, mi opinión y mi sentir; que un texto objetivo sobre una relación sensei – alumno. Con las palabras previas en mente, en adelante diré lo que me gusta de ser alumno de Yamada Sensei y por consiguiente algo de lo que he aprendido de esta relación.


Puntualidad y responsabilidad


No se me olvida nunca uno de los días que teníamos clase a las 6:45 am en el Dojo de New York. Llevábamos entrenando unas cuantas jornadas junto con un grupo con el que habíamos decidido visitar este Dojo. Un día de ellos se nos anunció que esa noche haríamos una reunión con Yamada Sensei. Hubo vino, sushi, música latina y muchas risas. Recuerdo haber contado deshis de todos los continentes en esa ocasión. Europa, América, Oceanía, Asía y Europa estaban representados. Aunque después de la reunión, Yamada Sensei había salido del New York Aikikai como a eso de las 3 am; poco antes de las 6 am sentí sus pasos en el lugar. Yo dormía en uno de los sofás cercanos a la entrada del dojo y por ello, su llegada fue evidente para mí. Caminaba como si no hubiera sucedido nada la noche anterior, un hombre que casi me doblaba la edad presto a dar la clase de las 6:45am. Yo luchaba con el cansancio, el sueño y la resaca.


En todos los años que he seguido a Yamada Sensei, no lo he visto llegar tarde una sola vez a sus clases, ya sean sesiones de seminarios o en su Dojo de New York. Siempre está respirando o relajándose unos minutos antes de iniciar. Puntualmente entra al tatami, camina al frente del Kamiza, golpea suavemente su cintura con su mano derecha (los que lo han visto sabrán a qué gesto me refiero), y puntualmente hace saludo a la foto de O´Sensei.  Desde mi perspectiva es una de los aprendizajes que me ha dejado sin decirme una sola palabra. Con el ejemplo me ha enseñado la importancia de ir al tatami a la hora comprometida. No importa lo que suceda antes o después.



Flexibilidad


En mis viajes por los Dojos, seminarios y escuelas de Aikido he visto en muchas ocasiones el síndrome de la copia. Alumnos que parecieran buscar hacer el movimiento de manera exactamente igual a su maestro. Maestros que exigen a sus estudiantes poner el pie así y los brazos asá de tal manera que hasta los gestos faciales terminan siendo similares. Cuando veo esto me pregunto ¿acaso el Aikido no es un arte? y como tal está sujeto a las interpretaciones individuales. Simplemente no lo entiendo pues yo no puedo imitar a un señor de 120 kilos o a una mujer de 50. Si a esto le sumamos las diferentes edades, nuestra crianza y la cultura a la que pertenecemos, la imitación es algo casi imposible y si se logra; desde mi punto de vista; no es completamente la apropiación personal de un conocimiento.


En este sentido, Yamada Sensei no tiene alumnos copia, o realmente muy pocos son copia de él[1]. He estudiado con algunos de sus más viejos estudiantes dentro de los que se encuentran Harvey Konisberg, Peter Bernath, Donovan Waite, sólo por mencionar unos cuantos de los más conocidos pues en el mundo se cuentan por miles sus discípulos avanzados y en su Dojo sin duda son más de 20 los instructores activos. Yamada Sensei habla poco de esto, pero desde años atrás sus seminarios son ejemplo de expresión de diferentes visiones. Al inicio de su llegada a EEUU trabajaron muy de cerca algunos de los últimos alumnos internos de O´Sensei: Chiba Sensei, Kanai Sensei, Sugano Sensei y Tamura Sensei. Todos con movimientos particulares y concepciones diferentes. Se juntaban para dar seminarios y en esta mezcla los más beneficiados eran los estudiantes que podían ver, interpretar, comprender y analizar diferentes miradas.


Los estudiantes de Yamada Sensei se cuentan por miles al igual que sus expresiones del Aikido. Sensei Yamada siempre ha promovido que sus estudiantes comprendan diferentes visiones y que se apropien de ellas. De hecho él tiene una expresión que es “robar el conocimiento” e invita a sus estudiantes a robar el conocimiento de los otros. Además en varias ocasiones he sido testigo de que la palabra “estilo” en el Aikido no le gusta.


Observando a la gran cantidad de estudiantes de Yamada Sensei, te encuentras ante una gran diversidad, que aunque parecen reflejos externos, es evidente que manejan y conocen a detalle los principios del Aikido. Equilibrio, centro, fluidez, elegancia, armonía… Yamada sensei ha sabido permitir que sus estudiantes descubran, comprendan y expresen los principios del Aikido de maneras completamente diversas. Muchos de sus estudiantes ya cuentan con un nombre propio en el mundo del Aikido y con una interpretación del arte que ha dejado huella en muchas personas.


De nuevo y sin decir una palabra al respecto, Yamada Sensei me ha enseñado que el Aikido es diverso, flexible pero que es importante conservar ciertos fundamentos que hacen que la técnica sea sólida.



Empatía y universalidad


Con los años Yamada Sensei cada vez es más demandado en diversas ciudades del mundo para enseñar. La pregunta obvia es ¿cómo le hace para que tantos estudiantes en el mundo lo quieran ver? Las variables son diversas, carisma, profesionalismo, universalidad de su enseñanza, y seguro las respuestas a la pregunta son muchas más. Yo me centraré en dos características que veo en él. 


Ves a Yamada Sensei dictar un seminario y a sus más de 70 años sigue siendo estricto y cuidadoso pero aunque en sus clases haya miles de personas tengo la seguridad de que muchas y  muchos sentimos o queremos pensar que la clase la está realizando para nosotros. Camina por todo el tatami, corrige a algunas personas, observa y trata de igual manera a todos. Sonríe y tanto a su llegada como a su salida está presto a saludar informalmente. Permite que se tomen muchas, muchas fotos y siempre busca que haya una referencia cercana de él. En ese sentido es un gran ejemplo para quien quiere aprender un poco de relaciones públicas.


En cuanto a su Aikido es evidente que es un gran didacta. Los movimientos que enseña pueden ser ejecutados por miles de personas, sus explicaciones son accesibles y en ocasiones divertidas. Lo anterior lo hace siempre preservando y enfatizando los principios del arte. Sin duda su manera de enseñar Aikido es Universal. Tanto asiáticos como europeos de oriente y occidente, americanos y personas de Oceanía siguen su enseñanza. El Aikido de Yamada Sensei no tiene secretos ni gestos innecesarios y aunque es un ser humano de cierta edad, es un Aikido físicamente exigente. Sus alumnos se cuentan de todos los colores, sabores, tamaños y edades. Yamada Sensei es un Aikidoca con un increíble don de gentes y su Aikido es Universal.



Mantener el espíritu y construir un negocio


En algún momento muchos de los practicantes terminamos enseñando. Generalmente comienza esto cuando tu Sensei te pide que lo cubras en una clase. Poco a poco te vas dando cuenta que es parte del proceso. Estar frente a un grupo es una de las muchas aristas del aprendizaje. Luego, si tienes suerte, te piden que enseñes en otro lugar que ya no es la escuela en donde aprendiste y si el viaje continúa terminas manejando un Dojo.

Yamada Sensei en esto también tiene mucho que enseñar. Su New York Aikikai, es quizá la escuela de Aikido más antigua y exitosa de occidente y a esto se suma que es el cuartel general de la Federación de Aikido de Estados Unidos, también una de las organizaciones más fuertes de Aikido en el mundo. Tanto su dojo como su federación son ejemplo.


Lo digo pues ha sabido adaptarse a las generaciones, ha sabido leer la cultura del momento y ha sabido hacer los ajustes necesarios para que el crecimiento de su escuela no permita que se dejen de conservar los principios de un Dojo tradicional. En su Dojo siempre podrás encontrar Uchi Deshis comprometidos con el arte y estudiantes que llegan silenciosamente a las clases minutos antes de iniciar. Al final de cada sesión se limpia el tatami y las clases son reflejo de la calidad de enseñanza y de la diversidad cultural del mundo en el que nos tocó vivir.


Al llegar al New York Aikikai sientes esas ganas de quedarte, de saber que aprenderás mucho Aikido, que la tarea será exigente pero que lo puedes lograr pues hay estudiantes de todos los colores, sabores y tamaños. Sientes que puedes hacer amigos y que a la hora de hacer Aikido estás haciendo un trabajo serio. El New York Aikikai es ejemplo de un negocio próspero al servicio de la comunidad, pero en el que la apertura no ha permitido que se pierda el arte. En esto también debemos aprender de Yamada Sensei, en su capacidad de construir un Dojo saludable financieramente y en el que se preserva el arte.


Las anteriores son sólo algunas de las lecciones que quisiera explorar más profundamente de mi encuentro con Yamada Sensei. Su puntualidad y responsabilidad; su flexibilidad; su empatía y universalidad y su capacidad de construir una escuela como el New York Aikikai. Parecen pocas, pero para mi son grandes e invaluables lecciones de un SENSEI.

[1] Creo que Noriko Oba, asistente de Yamada Sensei en New York Aikikai, es una persona que ha estudiado juiciosamente el Aikido de su Shihan y en ella pueden reflejarse muy bien los movimientos de él.

Sensei Yesid Sierra - 4° dan
Fuente: http://blog.bogotaikido.com/2013/01/encuentro-con-yamada-sensei.html?spref=fb

miércoles, 6 de febrero de 2013

La critica a los demás según el Hagakure


El Hagakure (葉隠 que significa "a la sombra de las hojas" o "escondido en la vegetación") es una obra literaria japonesa escrita por Yamamoto Tsunetomo (1659-1719), un samurái que en el siglo XVIII se retiró a las montañas para escribir las reglas del bushidō, con la intención de que fueran útiles a las generaciones venideras.

Se trata de un compendio de los ideales de los bushi tradicionalistas. En los años de Tsunetomo muchos bushi despreciaban las viejas usanzas de los de su clase y se enriquecían con ardides considerados innobles por las personas civilizadas del Japón de la era Tokugawa, como el comercio (en aquella época los comerciantes eran el último eslabón de la pirámide social en Japón). Esto le movió a escribir este libro en el que se describe por primera vez el bushidō, es decir el código guerrero de los samurái.

continuación se presenta un fragmento del hagakure que habla sobre la forma correcta de criticar o corregir a otras personas.


La critica a los demás:

Reprender y corregir a alguien por sus errores es importante. Este acto esencialmente caritativo es la primera obligación del Samurai. Pero hay que esforzarse en hacerlo de la manera conveniente. En efecto, es fácil encontrar cualidades y defectos en la conducta del prójimo. También es igualmente fácil criticarlo. 

La mayoría de las personas se imaginan que es por gentileza que dicen a los otros lo que no desean oír, y si alguna vez sus críticas son mal acogidas, piensan que los otros son incurables. Tal manera de pensar no es razonable. La misma da tan malos resultados como colocar a alguien en una situación embarazosa o bien como si alguien los insultara. Esto no es más que una mala manera de sacar lo que nos pesa en el corazón.


La crítica sólo debe intervenir después de haber discernido si la persona la aceptará o no, después que uno se ha hecho amigo de ella, de haber compartido sus intereses y de haberse comportado de manera tal que nos concede su entera confianza para que tenga fe en nuestras palabras. Luego interviene el tacto. Hay que sentir el buen momento y la buena manera de ejercer su crítica - por carta o al regresar de una reunión particularmente agradable-. Hay que empezar comentando nuestras propias fallas y luego llevar a su interlocutor a comprender, sin pronunciar más palabras de las necesarias.

Hay que alabar sus méritos; esforzarse en darle ánimos, en preparar su humor; volverlo tan receptivo a las observaciones del mismo modo que el hombre sediento lo es al agua. Es entonces cuando hay que corregir sus errores. La crítica constructiva es delicada.

Sé por experiencia que las costumbres malas y antiguas, no ceden sin fuerza. Me parece que la actitud más caritativa consiste, para todos los Samurais al servicio de un mismo Daimyo, en ser benevolentes y amistosos los unos con los otros, y corregir mutuamente sus errores para servir luego al Daimyo. Poniendo a alguien voluntariamente en una situación embarazosa no se hace nada constructivo. ¿Cómo puedes corregir a alguien si lo difamas?


Sobre el autor:

Yamamoto Tsunetomo (山本常朝 12 de junio de 1659-1719) fue un samurái vasallo del clan Nabeshima, de la provincia Hizen. Tuvo una frágil salud en su infancia, y, a la edad de nueve años, su señor, Nabeshima Mitsushige, le tomó a su servicio. 

Se dedicó durante treinta años a su señor y a su clan, llegando a convertirse en un guerrero samurái altamente respetado. Al llegar Yamamoto Tsunetomo a los cuarenta y un años de edad, en 1700, Nabeshima Mitsushige fallece. Tsunetomo no pudo tomar la vía del suicidio ritual, el seppuku, puesto que su señor lo había anulado como práctica en 1660.
Opta por retirarse, influenciado por el budismo y el confucionismo, a un monasterio cerca del castillo de Saga, en Kyushu. Allí es donde, desde 1709 hasta 1716, Yamamoto Tsunetomo se reúne con el joven Tashiro Tsuramoto, que unifica todas sus lecciones en el HagakureEl Camino del Samurái, que pasa a ser su obra más conocida. El Hagakure se guardó en secreto en el clan Nabeshima durante dos siglos, hasta que finalmente se hizo público en la era Meiji. Desde entonces, el Hagakure ha influenciando el desarrollo de una cultura, así como ha servido de base para el bushidō.